miércoles, 28 de marzo de 2012

¿Dónde están, dónde estamos?

Se ha muerto Daniel Zamudio (http://goo.gl/hpPZ1) y me pregunto muchas cosas...

¿Dónde están los movimientos estudiantiles y juveniles que no se han lanzado a la calle a manifestarte por una ley de igualdad y una antidiscriminación? ¿No hay intereses políticos detrás de ellas que muevan los hilos?

¿Dónde están las autoridades que se declaran en contra de la igualdad de derechos civiles y sociales? ¿Ninguno se ha atrevido a dar la cara?

¿Dónde está la cordura y la solidaridad? Me parece alucinante que, a día de hoy, este tipo de situaciones no sean condenadas abiertamente y castigadas severamente por la justicia. Es muy fácil "iluminar" perfiles, pero llegó la hora de golpear la mesa y acabar con esta injusticia. Si todos pagamos impuestos y tenemos los mismos deberes, que se equiparen también los derechos civiles.

¿Dónde está la Iglesia? Y no hablo de las excepciones, sino de la institución nacional que debería mostrar públicamente su repudio ante este caso y ante muchos otros. Es tiempo de que se actualicen en el discurso y vuelvan hacia esa actitud social que tuvieron hace tiempo, cuando todo se teñía de política. Esto es política pura...

¿Dónde están las familias, los padres, las madres, los hermanos y hermanas, que no han cerrado filas alrededor de la familia Zamudio, para acompañarles en su dolor, ya que la posibilidad de que eso le ocurra a cualquier otro es muy real mientras no se tomen medidas al respecto?

¿Dónde estamos todos los que alguna vez hemos sido molestados, los que hemos sentido miedo, los que hemos salido adelante, los que queremos vivir en paz, los que todavía viven escondidos, los que han sobrevivido? Deberíamos unirnos en una gran voz para que Chile sea distinto, para generar el cambio necesario en una sociedad que debe aprender a convivir en la tolerancia y el respeto a las diferencias.

Es tiempo de cambiar, es hora de comenzar de nuevo... Por Daniel y por todos y todas quienes pueden ser víctimas de este tipo de brutalidad.

lunes, 26 de marzo de 2012

El segundo oshisushi

 Este es el oshisushi que hice al día siguiente con los restos de ingredientes que me habían quedado de la noche de sushi del sábado. Todo sigue siendo primordialmente vegetariano, salvo una pasta de atún, anchoas y mayonesa que le daba un toque muy interesante a las zanahorias, aguacates y calabacines que conformaban el resto de los ingredientes, junto al arroz y las algas.

No resultaba fácil de comer, porque me falta prensarlo más y calcular mejor los "pisos" de arroz, pero con salsa de soja quedaba buenísimo. Eso sí, impensable comerlo con palillos...

domingo, 25 de marzo de 2012

Para que a nadie más le ocurra...


Siete años tramitando una ley antidiscriminación en el Congreso chileno, mientras otras tantas leyes de equidad social y legal se discuten sin llegar a un acuerdo que equipare los derechos de todos los ciudadanos, independientemente de su orientación sexual, su raza, su credo... En tanto, Daniel Zamudio, un joven que fue víctima de un ataque por parte de un supuesto grupo neonazi por el simple hecho de ser homosexual, y que recientemente entró en muerte cerebral.

En pleno siglo XXI hay mucha gente que considera aún que la homosexualidad es una enfermedad: lo dejó claro la presidenta de Liberia -y ojo, Premio Nobel de la Paz-, Ellen Johnson, la semana pasada en una entrevista en la que defendía la criminalización de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, basándose en valores de su cultura que quería preservar. 

Y muchas otras personalidades de distinto rango (por no enumerar a políticos, científicos y representantes de distintas religiones y credos), como el actor Kirk Cameron que hace poco fue noticia por decir que "la homosexualidad es antinatural, perjudicial y destruye principios de la civilización", con lo que se ganó el repudio de miles de internautas a principios de marzo.

En mi último viaje a Chile me compré el libro "Raro" de Óscar Contardo, un ensayo sobre la historia no solo de la homosexualidad como concepto, sino también una radiografía interesante de la sociedad chilena de los últimos dos siglos, tan cercana que incluso muchas veces no la podemos ver.

En el libro se dejan ver muchas de las razones por las cuales todavía existe una rechazo tan visceral en gran parte de la sociedad al homosexual; pero ya es tiempo de dar un paso adelante, de comprender que la sociedad es diversa y que es en la riqueza de esa diversidad donde radica el futuro de una sociedad que debe aprender a convivir con el diferente, con familias distintas, con una estructura social que no es a la que se aferran algunos: el mundo ha cambiado y tenemos que elegir entre cambiar con él o no cambiar y esperar a que otras y otros como Daniel pierdan la vida en manos de cualquier salvaje de escaso cerebro, poca educación cívica y nada de solidaridad, amor o respeto.

Por Daniel y por su familia, y por muchas otras personas que padecen la homofobia o cualquier tipo de discriminación, es que hay que luchar para que nadie tenga miedo de ser quien es. Para que nadie tenga que lamentar la muerte de un ser querido. Para que a nadie más le ocurra lo que a Daniel. Porque esto nos podría ocurrir a cualquiera de nosotros si alguien considera que somos distintos. Porque todos podríamos estar en el lugar de Daniel, esto tiene que parar.
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